Los niños no suelen comunicar abiertamente que pueden estar sufriendo problemas visuales como la miopía o la hipermetropía. En muchas ocasiones, ni siquiera mencionan que ven mal hasta que las consecuencias de esa visión deficiente se hacen evidentes y se traducen en una falta de atención, de rendimiento escolar o en aversión total a la lectura.
Por tanto, padres y profesores deben estar atentos a ciertas señales que puedan delatar que el niño tiene algún tipo de alteración en la vista. Uno de los signos más claros es acercarse demasiado a los objetos.
En primer lugar, hay que aclarar que aproximar demasiado la cabeza a los libros o a la tele no significa automáticamente un problema de visión. Puede tratarse de un simple hábito postural inapropiado que también habría que corregir sin que haya ningún tipo de afección visual. Por este motivo, lo que hay que detectar es si el niño necesita acercarse al objeto para poder verlo como norma general y si es incapaz de leer o mirar algo desde una distancia adecuada.
A esta costumbre le acompañarán otros comportamientos que hacen más evidente esas posibles dificultades en la visión, como los ojos para enfocar a media distancia, confundir a personas que estén lejos o la falta de coordinación en el deporte y en los juegos de pelota.
Ante estas conductas, lo más adecuado es acudir al óptico-optometrista, ya que estamos ante un posible diagnóstico de dificultades en la visión. La afección más común en niños que no ven correctamente los objetos a media y larga distancia es la miopía, que afecta aproximadamente al 20 por ciento de los jóvenes en España y suele desarrollarse a partir de los seis años de edad.
Por último, ten en cuenta que demorarse demasiado en visitar un centro sanitario de óptica puede suponer que se agraven esos problemas de visión. Por tanto, no dudes en ponerte en manos de los profesionales ante la mínima sospecha.